Me llamo Josefina Morales, tengo 52 años y esta historia no la sabe nadie completa.
Ni mis hijos, ni mi mamá.
Nací en Cuautla, Morelos, en una casa de adobe con techo de lámina.
Mi papá era panadero, de esos de antes que se levantaban a las tres de la mañana.
Mi mamá cuidaba de cinco hijos con una paciencia que nunca heredé.

Dejé la escuela cuando mi papá enfermó. A los 14 ya trabajaba limpiando casas.
A los 20 conocí a Gerardo, el chofer de una familia para la que yo trabajaba.
Al principio fue amor, después… costumbre y miedo.
Gerardo me hacía sentir pequeña.
Decía que sin él yo no valía nada.
Pero un día, mientras mis hijos dormían, entendí que quedarme era enseñarles a tener miedo.
Así que me fui.
Con dos niños y una maleta, volví a casa de mi mamá.
Lavé ropa ajena, vendí gelatinas, limpié casas, todo para que no les faltara un cuaderno.

Hasta que una vecina me habló de una oportunidad en Estados Unidos.
Una visa temporal para cuidar a una señora mayor.
Esa noche no dormí.
Abracé a mis hijos y lloré en silencio.
Porque sabía que la decisión que iba a tomar me partiría el alma, pero también podría salvarnos.
(Continuará…)





